6 min Compartir

Cómo hidratarse para entrenar sin cuentas raras

Cómo hidratarse para entrenar sin contar litros: por qué la sed avisa tarde, qué señales sí importan y cómo cambia todo cuando entrenas con calor.

En esta nota
  1. Qué está pasando de verdad
  2. No es una obligación más
  3. Los errores más comunes
  4. Qué esperar
Mujer cocinando en la cocina

A la mitad de la sesión aparece un dolor de cabeza sordo, de esos que no duelen tanto como molestan. Te cuesta más de lo normal la serie que la semana pasada te salió sola. Miras el reloj pensando que el problema es que dormiste mal, o que estás desentrenado, o que ya no rindes como antes.

Y a lo mejor sí. Pero antes de revisar el plan conviene revisar algo más aburrido: cuánto tomaste hoy. Aprender cómo hidratarse para entrenar es probablemente el ajuste más barato que existe, y es el que casi nadie mira porque no parece entrenamiento.

Qué está pasando de verdad

La primera cosa que hay que desarmar es la que más cuesta: la sed avisa tarde. Cuando aparece como sensación clara, el cuerpo ya viene perdiendo líquido desde hace un rato. Por eso las guías de hidratación deportiva insisten en no usar la sed como único indicador y en llegar con líquido encima al esfuerzo, en lugar de reaccionar cuando el aviso llega (Palacios, Montalvo y Rivas, 2009).

La segunda: el agua no es solo agua. Buena parte del líquido que usa tu cuerpo llega acompañado de minerales que hacen posible que se retenga y se distribuya, y buena parte de esos minerales entra por la comida — no por una botella especial. Alguien que come razonablemente bien y toma agua a lo largo del día tiene el asunto bastante más resuelto de lo que la publicidad sugiere.

La tercera es la que explica por qué esto se nota tanto en la sesión: perder líquido afecta al rendimiento antes de que aparezca ningún síntoma dramático. El volumen de sangre baja, el corazón trabaja más para lo mismo y la sensación de esfuerzo sube (Wilmore y Costill, 2007). Traducido: la misma serie se siente más pesada, y la conclusión que sacas — «estoy peor que antes» — es falsa.

Seguir leyendoCuando comer sano se vuelve obsesión

Y una advertencia que no se puede saltear. Cuando entrenas con calor fuerte, esto deja de ser una cuestión de rendimiento. Mareo, náuseas, piel que deja de transpirar, dolor de cabeza intenso, confusión: eso no se negocia con más agua ni se atraviesa con voluntad. Se para la actividad y se busca atención médica. El golpe de calor es una urgencia, no un mal día.

No es una obligación más

Acá viene el reencuadre, porque la hidratación se convirtió en otra cosa que la gente cree estar haciendo mal.

No necesitas una cifra diaria de litros ni una aplicación que te recuerde tomar agua cada hora. Las cantidades cambian con el clima, con lo que comes, con cuánto transpiras y con lo que hiciste ese día; cualquier número universal es aproximado por definición. Lo que sirve no es una meta: es que tomar agua deje de ser una decisión.

Una botella a la vista en el escritorio resuelve más que cualquier propósito. No porque el propósito esté mal, sino porque nadie sostiene durante meses una decisión que hay que tomar quince veces por día.

Dani

La botella no es un consejo de salud que te doy por fuera del plan: es parte del plan, igual que las series. Cuando alguien me dice que se siente flojo en las sesiones, antes de tocarle las cargas le pregunto tres cosas — cómo dormiste, qué comiste antes y cuánto tomaste hoy. En verano cambio el orden: pregunto primero por el agua y por la hora a la que entrenas. Y si me describes mareo o náuseas con calor, ahí no ajusto nada: te digo que pares y que consultes.

Los errores más comunes

  • Usar la sed como semáforo. Es un aviso tardío, no un tablero. Si esperas la sed para tomar, siempre vas atrás.
  • Tomar todo junto justo antes de entrenar. Medio litro de golpe cinco minutos antes suele terminar en molestia de estómago y en nada más. Repartir a lo largo del día funciona mejor que compensar al final.
  • Confundir el hambre con la sed. Comparten síntomas: fatiga, irritabilidad, dificultad para concentrarte, dolor de cabeza. No es que «en realidad tienes sed» siempre — es que a veces conviene preguntárselo antes.
  • Creer que solo cuenta si es agua. Las comidas con mucha agua, las infusiones y las sopas también aportan. El sistema no lleva una contabilidad separada.
  • Tratar un día de calor extremo como un día normal con más agua. Cuando la temperatura aprieta de verdad, lo que se ajusta primero es el horario y la intensidad, no solo la botella.

Qué esperar

Lo primero que cambia no es el rendimiento: es la sensación de esfuerzo. La misma serie se siente un poco menos áspera, y eso suele notarse en la misma semana en que dejas de llegar seco a la sesión.

Lo segundo aparece en los días de calor. Con el líquido resuelto y el horario corrido a la mañana temprano o al final de la tarde, la sesión de verano deja de ser una prueba de resistencia mental.

Lo tercero es lo menos glamoroso y lo más útil: dejas de atribuirle a tu estado de forma cosas que eran del contexto. Un mal día por calor y poco líquido no es una meseta ni un retroceso, y confundirlos hace que la gente cambie planes que estaban bien.

Seguir leyendoEntrenar con dolor de espalda: por dónde empezar

Martín

Viaja por trabajo, entrena a la tarde en verano

Antes de tocar el plan, revisa el vaso. Es lo más barato que vas a ajustar en todo el año, y es lo primero que hace que la sesión se sienta como debería sentirse.

Si te reconociste en esta nota, eso ya es la mitad del trabajo. La otra mitad es tener un plan que se mueva cuando tu semana se mueve: Dani lo arma por WhatsApp con el tiempo que de verdad tienes y lo ajusta cuando algo se cruza.

Referencias

  • Palacios, N., Montalvo, Z. y Ribas, A. M. (2009). Alimentación, nutrición e hidratación en el deporte. Consejo Superior de Deportes.
  • Wilmore, J. y Costill, D. (2007). Fisiología del esfuerzo y del deporte (6.ª ed.). Paidotribo.