¿Por qué no veo resultados si entreno?
Por qué no veo resultados si entreno todas las semanas: qué mide mal la balanza, qué le falta al plan y qué pasa en las horas en que no entrenas.
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Respuesta corta: casi nunca es falta de esfuerzo. Si entrenas con regularidad y no ves resultados, en general está pasando una de tres cosas: estás midiendo algo que no cambia de la forma en que crees, tu plan lleva meses pidiendo lo mismo, o lo que ocurre en las horas en que no entrenas está anulando lo que consigues en las que sí.
Cuatro meses. Tres veces por semana. Cuarenta y ocho sesiones que no faltaste ni cuando llovía. Y la balanza marca lo mismo que en noviembre. En algún punto entre la sesión cuarenta y la cuarenta y ocho aparece un pensamiento poco agradable: que a lo mejor tu cuerpo es de los que no responden. Antes de aceptar esa conclusión, conviene revisar las otras tres.
Lo que la balanza no está midiendo
Tu peso cambia todos los días por motivos que no tienen nada que ver con el progreso: hidratación, sal, contenido intestinal, fase del ciclo, cuánto glucógeno tienen tus músculos guardado. Pesarte un martes y compararlo con el martes anterior es como juzgar un río por una foto sacada en un momento cualquiera. La información útil está en la tendencia de varias semanas, no en el número de hoy.
Hay algo más específico si entrenas fuerza. Puedes estar perdiendo grasa y ganando algo de músculo al mismo tiempo, y esos dos movimientos se cancelan en la balanza aunque tu cuerpo esté claramente distinto. Es perfectamente posible que el número no se mueva mientras la ropa sí lo hace, y esa combinación es un buen resultado leído con el instrumento equivocado.
Por eso conviene tener más de un registro: cómo entra la ropa, cuánto levantas hoy comparado con hace ocho semanas, cuántas repeticiones te salen con el mismo peso, cómo terminas la sesión. La fuerza tiene la ventaja de ser un dato duro, semanal y difícil de discutir.
El plan que dejó de pedirte algo nuevo
Si tu rutina de esta semana es idéntica a la de hace cuatro meses —mismos ejercicios, mismas series, mismos pesos—, tu cuerpo ya resolvió ese problema y no tiene motivos para seguir cambiando. La adaptación responde a demanda creciente, no a asistencia perfecta.
La evidencia sobre volumen es bastante clara en esa dirección: dentro de lo que puedes recuperar, más series semanales de trabajo con carga producen más adaptación (Schoenfeld, Ogborn y Krieger, 2017). No significa entrenar el doble; significa que si nada sube nunca —ni repeticiones, ni carga, ni series, ni dificultad del ejercicio—, la meseta era el destino previsible.
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Las horas en las que no entrenas
Una sesión dura una hora. El resto del día también cuenta, y de dos maneras que suelen pasar inadvertidas.
La primera es cuánto te mueves fuera del entrenamiento. Todo ese movimiento no deportivo —caminar, subir escaleras, estar de pie, moverte mientras hablas— tiene un nombre en la literatura y un peso energético sorprendente: las diferencias en actividad no asociada al ejercicio pueden explicar variaciones muy grandes en el gasto diario entre personas parecidas (Levine, Eberhardt y Jensen, 1999). Alguien que entrena tres horas por semana pero pasa el resto del día sentado puede gastar menos que alguien que no entrena y camina todo el día.
La segunda es lo que comemos, con un detalle incómodo bien documentado: tendemos a subestimar cuánto ingerimos. En un estudio clásico, personas que reportaban comer poco y moverse mucho mostraron, al medirlo con métodos objetivos, diferencias muy grandes con lo que declaraban — sin mentir deliberadamente (Lichtman et al., 1992). No es un problema de honestidad: es que somos malos calculando porciones y olvidando lo que picamos.
Y está el sueño, que decide cuánto de cada estímulo tu cuerpo llega a convertir en adaptación.
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Dónde esto no da respuestas
Vale marcar los límites. Los estudios sobre volumen describen promedios de grupos; tu punto óptimo puede estar bastante lejos de ese promedio. Los métodos para estimar composición corporal en un gimnasio tienen márgenes de error que superan fácilmente el cambio real de dos meses. Y hay progreso que sencillamente no estás midiendo: mejor recuperación entre series, mejor técnica, mejor tolerancia a la semana difícil.
Sobre todo: cuatro meses es poco tiempo para algunas cosas y suficiente para otras, y no hay una tabla que diga qué te corresponde a ti. Cualquiera que te prometa un plazo exacto está inventando.
¿Y yo qué hago con esto?
- Cambia el instrumento antes de cambiar el plan. Anota durante ocho semanas cargas y repeticiones. Si eso sube, estás progresando aunque la balanza no opine.
- Revisa si algo sube. Si en cuatro meses ningún número de tu planilla cambió, ahí tienes la respuesta antes de buscar causas más exóticas.
- Mira tu día completo, no tu hora de entrenamiento. Cuánto caminas, cómo duermes, qué tan revuelta viene la semana. Ahí se explican la mayoría de las mesetas.
- Cambia una variable por vez. Si modificas plan, comida y horario a la vez, en seis semanas no vas a saber qué funcionó.
- No conviertas la meseta en un juicio. Un estancamiento es información sobre un plan, no un veredicto sobre tu cuerpo ni sobre tu carácter.
Dani
«No veo resultados» es una frase, no un dato. Lo primero que necesito saber es contra qué lo estás midiendo, y con qué frecuencia. Después miro tu registro de las últimas semanas: si las cargas subieron y la balanza no se movió, estamos discutiendo el instrumento, no el progreso. Y si de verdad nada se movió, ahí el que tiene que cambiar es el plan — pedirte más ganas no arregla un plan que hace cuatro meses pide exactamente lo mismo.
Saber cómo funciona es útil; aplicarlo a tu semana real es otra cosa. Dani traduce esto a lo que te toca hacer el martes, con tu historial a la vista: qué venías levantando, cómo dormiste, qué te dolió.
Referencias
- Levine, J. A., Eberhardt, N. L. y Jensen, M. D. (1999). Role of nonexercise activity thermogenesis in resistance to fat gain in humans. Science, 283(5399), 212-214.
- Lichtman, S. W., Pisarska, K., Berman, E. R., et al. (1992). Discrepancy between self-reported and actual caloric intake and exercise in obese subjects. The New England Journal of Medicine, 327(27), 1893-1898.
- Schoenfeld, B. J., Ogborn, D. y Krieger, J. W. (2017). Dose-response relationship between weekly resistance training volume and increases in muscle mass: a systematic review and meta-analysis. Journal of Sports Sciences, 35(11), 1073-1082.
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